jun 7, 2011
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Reverón, el rebelde

Tulio Monsalve

Viernes, 3 de junio de 2011

Rísquez se preocupa de la rebeldía  de Reverón contra las formas del control social y estético

Dedicado a la memoria del maestro Dr. Moisés Feldman, quien con su profunda ciencia, amoroso verbo y simple academia, nos enseñó mucho de los secretos de la ultima etapa de la vida de Armando Reverán.

 

Celebro el estreno de la nueva película de Diego Rísquez: Reverón.

Aplaudo que el Director se haya comprometido en esta pieza a dar notables pruebas de esa particular forma que tenía el artista para enfrentar el poder de la formalidad que cercenaba el ingenio de los pintores de la época. Leviatán que se expresaba a través de los cánones convencionales de las escuelas de arte o ideando una estructura de la autoridad que representaban,  con los códigos atémporos, y que por voz de maestros y jurados  expresaban, y enrostraban como  los únicos demiurgos que decretaban “lo correcto” y disipaban toda disidencia. Procónsules de la estética que execraban o  estimaban lo que era o no valioso en la producción de la plástica nacional.

Notable que el período de la vida de Reverón que narra la película, 1924 a 1954, revela diversas y bien variadas formas de ejercer el poder político en Venezuela: dictadura, transición, democracia, golpe adeco del mil novecientos cuarenta y cinco y nuevo motín contra Rómulo Gallegos, con remate en el inicio de la  dictadura de Pérez Jiménez. Mas variado imposible.

Sin embargo estos episodios no son tema que la película expone, sus razones tendrá para omitirlos. En contraposición Rísquez se preocupa de la rebeldía  de Reverón contra las formas del control social y estético que los mecenas o los críticos de arte o los notables del país le aplicaban. Clase a quienes estos cambio políticos poco preocupaban por cuanto a ellos, lo que sí les interesaba, era mantener su hegemonía en el campo de la cultura a través del cuido de los patrones estéticos mas conservadores: paisajismo y retratismo tal como era moda impuesta por el impresionismo.

Allí parece que poca presencia pudieron tener los modos politicos a la hora permitir o negar liberalidades sobre métodos culturales, este era un coto adonde lo figurativo y el paisajismo tenia su real y total control. La policía estética existía para evitar que sus paradigmas se perturbaran.

La contradicción la marca Reverón, gritando angustia por lo único real y mágico e insuperable del trópico caribeño: el color o su símbolo maestro el sol; dios que con su radiaciones todo lo cambiaba, minuto a minuto. Este dinámico reto era lo único que lo animaba a pintar y como él decía: “lo hacia para vivir”, fustigando además los valores reinantes de la plastica,  cuando con  franquezaNietzscheana, proclama que su “motivación vital no era vender cuadros”, sino atrapar las luces en sus precarias como audaces y originales telas. Tanto era su ingenio que aún seguimos apreciando lo que Rísquez, inteligentemente nos lleva a la pantalla.

A Reverón le resultaba insoportable la autoridad, invivible la dependencia e imposible la sumisión, era maestro de la anarquía y  contrario a los patrones  y paradigmas de lo “correcto social”, signo que aplicaba rigurosa, ingenua pero firmemente a todos los actos de su vida, artística, creativa, relacional, social y lúdica y teatral, expresiones que el trabajo directoral de Rísquez recoge en imágenes en secuencias de cine de la mejor factura posible.

La película recrea de manera magistral el especial y poderoso mundo de Reverón y nos enseña todos los recursos, mágicos, religiosos y simbólicos que permitían al artista evadir el trato que le solicitaba un empobrecido “mundo de los actos culturales” muy ajeno a su poderoso y vanguardista fuerza creativa, adonde hasta la formalidad del vestir convencional sobraba.

Su espacio vital,  según nos muestra la película, estaba siempre en el sol que lo enceguecía y que era el impulso para  sus retos por atraparlo con sus “caballetes” y “pinceles, made in Macuto”,  que la cámara y la fotografía de  Cezary Jaworski nos muestra en sus procesos para lograr fijarlos, bajo la forma de la belleza de blancos sobre blancos en transparencias que eran sencillamente la envidia del mundo de la plástica de la época del cuarenta la cincuenta y de muchos pintores en la actualidad.

El director se destaca al lograr manejar con mucha maestría y rigor a sus artistas, en primer lugar a Luigi Sciamanna, en el papel de Reveron, -para nuestra sorpresa- también coguionista y cantante del tema principal de la obra. Sin duda que esta actuación de Sciamanna es comprometida, eficaz y amorosa con el maestro Reverón. Como él dice en la película cuando Reverón habla con el espejo y le comenta : “vente p´aca” … “vente p´aca” y parece que Luigi se fue con todo de lo que es capaz de hacer como actor. Aplausos  gana con diversos monólogos y rituales de despojo y brujería en las danzas que el maestro mágicamente realizaba antes de comenzar a pintar. Esto es cine.

El guión es de elaborada realización y cuenta mucho sobre esta singular realización adonde el amor y la complicidad de una pareja unida en un espacio adonde se salvan por la pureza, ingenuidad, honesto proceder, que anima y donde hasta la felicidad puede estar cíclicamente presente.

Muy bien en su construido y bien dirigido personaje de Juanita está Sheila Monterola, alli se le aprecia con una profesionalidad remarcable en su papel, de musa, amante, compañera solidaria y amorosa, ser puro, que lo acompaña hasta el final de sus aventuras.

Rísquez, recrea y administra con justa métrica y sentido del encuadre el espacio interno del Castillete, al igual que maneja profesionalmente los complicados exteriores adonde el Maestro Reverón,  a mitad de camino entre la realidad y los trastornos de su psiquis enferma, se ve encandilado cuando exterioriza imágenes que pretenden evidenciarnos como evoluciona una patología que distorsiona temporalmente su afectividad y su sistema de pensamiento, pero nunca su sentido de la realidad.

En estos atrevidos y asoleados exteriores el director Rísquez  rehace, las alucinaciones de Reverón con sus antepasados, sobre todo su protectora madre y una bella niña que lo saluda y se volatiliza.  De  allí lo trae el Director a nuevos estados conscientes, y lo enfrenta a quien solícitamente siempre lo ayudó Alfredo Boulton, que por cierto, siento que  Rísquez no trata con mucha consideración.

Otro personaje de la historia es el artista ruso Ferdinandov, gran amigo del Armando Reverón,  interpretado por Luis Fernández, que debo reconocerlo, se nota muy poco convincente y nada ajustado a la imagen que uno tiene de  del ruso. No miro para nada en su papel  a  Adrián Delgado, que juega a tratar de llegar a ser el poeta Vicente Gerbási pero sin lograr meterse en sus costuras.

Con quien si logró buena cosecha como director de artistas, fue con Héctor Manrique, a quien firmemente condujo hasta hacerle olvidar y hasta posponer sus manierismos de televisión y teatro, cuando lo lleva hasta presentar respetablemente el papel de Oscar Yánes.

El experimento de Rísquez, nos muestra otra bien lograda faceta del mundo insondable del artista en los momentos adonde acude al teatro, a la farsa y al juego infantil o hasta usando las travesuras de su mono Pancho, como recurso para burlarse de los fastidiosos visitantes  que poco entendían de los contenidos de estas actuaciones tan censuradas como geniales.

Recomiendo a quien quiera meterse mas en el personaje que acudan a los trabajos cinematográficos, de Edgar Anzola en 1934, Roberto Lucca en 1945 y Margot Benacerraf en (1953), y una de gran calidad aunque poco conocida de Juan Andrés Bello 2009, o la bibliografía que existe de la vida del  genial maestro bien trabajado en los libros de Alfredo Boulton,  Juan Calzadilla, y Emilio Santana escritos adonde predomina lo anecdótico.

Es digno de reconocer que el famoso Arquitecto Gio Ponti en uno de sus viajes a Venezuela se sintió muy sorprendido con la obra de Reverón circunstancia que lo motivó a publicar en su revista Domus un articulo sobre esta importante figura venezolana cuya trascendencia internacional, hasta el momento, era escasa.

Colofon:  Como para hacer un “mea culpa” en 1953, trece años después de haberse creado el Salón Anual de Arte Venezolano, y poco antes de morir, se le otorga a Armando Reverón el Premio Nacional de Pintura, además de los Premios John Boulton y el Federico Brandt, especie de exorcismo para aliviar conciencias y que el rebelde Armando no se fuera “liso” para el cielo.

REVERÓN, Ficha Técnica: Venezuela, 2011. Dirección: Diego Rísquez. Guión: Armando Coll, Luigi Sciamanna y Rísquez. Producción: Antonio Llerandi. Fotografía: Cezary Jaworski. Montaje: Leonardo Henríquez. Diseño de sonido: Jesús Guevara. Sonido de campo: Mario Nazoa. Música: Alejandro Blanco Uribe. Dirección de arte: Diego Rísquez. Elenco: Luigi Sciamanna, Sheila Monterola, Luis Fernández, Antonio Delli, Héctor Manrique, Prakriti Maduro, Adrián Delgado, Diana Volpe, Francis Rueda, Jorge Pizzani, entre otros. Distribución: Cinematográfica Blancica.

 

tuliomon@gmail.com 

Fuente: analitica.com

 

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